EL DIA DEL FIN DEL MUNDO
En el apartamento no se encontraban cómodos, volvieron a los hoteles cómo cuando empezaron a salir, y eso no era todo, él había vuelto a consumir cocaína y ella se había saltado la tapa de los sesos en un sueño. Le había interpretado mal aquel día en el que iba a acabar todo, un solo movimiento de su mano y nada más pero violencia al fin y al cabo, lo que nunca había sucedido. En los hoteles podían empezar de nuevo, habían intentado hacer el amor y ahora se miraban desnudos sin saber qué decirse, en el pasado el sexo era caótico pero existía. El puso la droga sobre la mesa y comenzó a esnifarla, ella le miraba por encima de las imágenes del televisor que estarían hablando de los tumultos si estuviera conectado el volumen, ellos también estaban en silencio. Era extraño pensar en todas las parejas que estarían haciendo el amor antes del fin, parejas que se amaban, pero ellos no. Sabían que los amaneceres que habrían de venir estarían festejados por unos colores vivísimos, era una estética mortal: auroras boreales infinitas antes de que el sol lo calcinara todo, un dios jugando a la belleza y regalando a sus criaturas un espectáculo perfecto. Mientras tanto en algún lugar del mundo empezaba una guerra, una guerra total y definitiva, el sol sólo calcinaría las cenizas, lo existente acabaría siendo sólo polvo. Algunos se llenaron de sabiduría, otros de mezquindad, todo según la naturaleza de su espíritu. Los verdaderamente grandes tenían la ocasión de serlo pero los lobos también darían un placer a su vida, las decisiones cruciales ya no valían la pena, los sentimientos tampoco.
En algún lugar de la mente se empezaba a sufrir y ese lugar no había estado habilitado antes para ningún tipo de sentimiento, mirar las cortinas e imaginar que los dibujos son como cabezas cortadas, el viento levantando un poco de polvo. Y más allá de una puerta que hubiera podido ser la de un cobertizo sonrisas apagadas, voces mayúsculas y piernas infectadas de miseria y vejez prematuramente. Todo en el mundo estaba dormido pero todo empezaba a despertar, una mancha en algún lugar de la frente, las uñas que se vuelven quebradizas, la necesidad de beber agua…Y luego a tus ojos empiezan a mirarlos tus ojos en el espejo pero no reconoces ni tus ojos ni tu mirada y todo se vuelve turbio pero en esa densidad hay una luz, es la luz de la calma antes del fin. Todo en ti lo predice, todo en ti lo sabe. Vas a caer muy honda y profundamente pero no antes de que caiga todo, no sólo la torre se rompe, no sólo saltan en pedazos los trenes, la crisis es personal, la crisis es a todos los niveles y el final para todos te preocupa porque precede a tu propio fin, eso no es todo.
Ella llega envuelta en una manta, te dice si recuerdas a tu amigo que no quería ir a tu casa de León porque sólo había ratas y tú recuerdas aquella vez que te enamoraste de una quinceañera en una iglesia que empezó a llenarse de deficientes antes de que a la salida comprases un diario de cuero en un mercado. Ella entonces te araña la cara pero tú sientes deseo de besarla y le pides una copa, cuando viene con ella te das cuenta de que estás desnudo y no quieres emborracharte en cueros, así que buscas tu ropa interior y ves una araña que se sube por encima y la matas y no dices nada porque de repente la araña te da más pena que los millones de seres que vas a ver morir, porque ahora lo comprendes, sobrevivirás.
Algo te dice dentro de ti que eres un ser superior y es ese viejo sentimiento que has tenido siempre, de ahí esa forma prepotente de tratar a los demás, pero tú lo sabes, es algo inevitable, hay una fuerza que te dices que eres mejor que ellos y que ellos podrían ser tu comida.
Luego ella se queda dormida y tú ves la televisión sin volumen, sólo la ves, imaginas lo que dicen los idiotas que hay en ella—tú eres mejor que ellos—y te divierte pensar que quieren decirte algo pero tú no los escuchas ¿por qué eres así?
Te levantas o te incorporas y ves tu foto preferida clavada en el corcho de la pared, mujeres bailando agarradas en un crucero y uno de sus ojos está contra el hombro de su pareja mientras que el otro te mira, en la muñeca hay un reloj que marca la una y cuarenta y se puede leer hasta que es día quince, es uno de esos relojes que deseas tener con ferocidad de niño. Luego miras las cajas de fotos de fotos de novias y las otras cajas de fotos de mujeres que se parecen a tus novias, mucho más interesantes. Miras las fotos y piensas que no es cierto cuando te dicen que todo siempre pertenece a tu imaginación, mientras piensas esto te clavas las uñas hasta que el envés de la mano te escuece.
Vuelves a tumbarte en la cama y meditas, sueles meditar mucho sin saber por qué lo haces, has meditado mucho toda la vida y hay días en que tu existencia se convierte en una gran meditación. Ahora meditas para saber quién eres realmente, por qué sientes cómo sientes y por qué piensas cómo piensas.
Al meditar observas en el suelo el cadáver de la araña, tiene un sentido, un gran significado. Te observas a ti mismo como una gran araña que sale de un hoyo y vuelve a meterse en él, tus dedos se convierten en patas peludas, la araña sale y vuelve a entrar, sale y vuelve a entrar, la araña eres tú. Luego contemplas el desfile de las tarántulas, tu propio veneno. Eso es lo que eres: una tarántula venenosa. Pero tienes que retroceder hasta el principio, saber lo que has sido mucho más allá, comprender lo que has sido para saber quién eres. Entonces lo ves muy claro: has sido un ángel. Has sido un ángel que se ha reencarnado en humano, los demás seres que te rodean han sido humanos por generaciones, miles y miles de vidas como humanos con el chacra del sexo y de la supervivencia activados únicamente. Pero tú eres un ángel, eres un ángel con las doce hélices del ADN activadas. Ahora comprendes por qué te sientes tan superior a los humanos que te rodean, ellos sólo tienen las dos simples hélices del ADN activadas mientras que tú tienes las doce…¿Entonces cómo es que has podido caer tan bajo? Porque has sido un ángel que se ha convertido en una araña, ahora sabes quién eres. Eres un ángel-araña, pero no eres un ser humano. Eres en cierta manera superior e inferior a los demás al mismo tiempo, pero no eres como ellos. Por eso estás solo, por eso bebes y te drogas. Por eso sabes tantas cosas que sólo puedes transmitir a través de tu veneno, en una picadura mortal.
Te das una ducha y recuerdas cuando vivías en Londres, en aquel lugar la gente se duchaba cada quince días y pensaba que estabas enfermo o maniático por ducharte a diario. Te das una ducha y bajas a la calle porque ya es de día y le pides al camarero un bollicao y un café y te pregunta con sorna si quieres que te ponga el bollicao en un platito con un cuchillo, te das cuenta de que tienes demasiada clase para el barrio en el que vives ahora, el empobrecimiento de la clase media ha hecho mella en ti y en la radio escuchas “Ahora es demasiado tarde princesa, búscate otro perro que te ladre, princesa” pero sabes que tú siempre has dado otra oportunidad y a veces la has pedido. Te preguntas por qué has sido tan tonto como para elegir un hotel al lado de tu casa, pero ya todo te da igual. No quieres volver, ni al hotel ni a tu casa.
Te diriges camino a tu viejo instituto, parece mentira pero ya han pasado treinta años desde que estuviste en él pero hay algo que recuerdas y que quieres recuperar antes de que acabe todo: el olor de la cerveza por la mañana, muy de mañana. Te compras un litro en una panadería, hay cola de gente comprando latas y víveres, pobres desgraciados. Tú te llevas tu litrona hasta un parque al lado de tu viejo instituto y cuando la abres absorbes el olor de la cerveza por la mañana, es algo casi sólido y fuertemente característico, significa que el cuerpo se revuelve, es algo casi contra natura. Sentado como estás en un banco se te acerca un miserable y te dice que ha venido gente a su casa a buscarle acusándole de un hecho deleznable, te dice gente sin cultura, sin estudios ni educación, te dice gentucilla que son el noventa por ciento de esta ciudad y que luego votan a la derecha. Te quedas perplejo de que el miserable no se considere gentuza pero es que nadie se lo considera…¿Serás tú gentuza y no te has dado cuenta? ¿Cuánto tiempo llevas sin trabajar? ¿Cuánto tiempo llevas sin un duro? Estuviste en la universidad, pero sólo te dedicaste a fumar porros y a jugar al mus…¿Has visto el barrio en el que vives? Vivías muy bien hace veinte años, pero eso fue hace veinte años…¿En quién te han convertido? Pero eso ya no importa porque ahora todo se acaba, el fin ya está aquí. Cerca de ti pasa una procesión de personas llevando una cruz, una cruz a la que alguien ha puesto una piadosa sábana. Las mujeres van llorando, seguramente por sus hijos. Las madres siempre son las madres. Al menos casi no hay tráfico.
Vuelves a tu barrio, a tu bar de siempre y pides una Yuste, el camarero te dice que no tiene Yuste, que te tomes una Karsberg y tú pides una caña normal.
--¿Qué pasa, no te gusta la karsberg?—te recrimina el camarero.
Cuando sales el camarero te lanza una mirada de odio, sabes que piensa que eres un pijo pero lo que él no sabe es que debes seis meses de alquiler. Te alegra saber que el fin del mundo será el fin de tu ciudad también.
Regresas al hotel y te dicen que tu novia se ha ido y cuando llegas a tu casa ella no está y encuentras una nota que dice algo así como que se ha cansado ya de ser tu madre, coges la nota de la novia que se ha cansado de ser tu madre y la metes en la cajita de notas de novias que se han cansado de ser tu madre, ahora estás solo de nuevo y sin saber por qué no te desagrada del todo la idea, piensas que pronto estarás muerto.
O no. A lo mejor sobrevives, antes pensabas que sobrevivirías y ahora no lo piensas. Tus estados de ánimo cambian tu percepción de la realidad pero la realidad es la misma, ni tú tienes todas las respuestas ni las respuestas te tienen a ti.
En la televisión están dando el enésimo atentado de los terroristas con armas químicas, ya no sientes nada. La primera vez que los terroristas atentaron con armas químicas matando a centenares de europeos te impresionó bastante, a todo el mundo le impresionó sobremanera, la gente salió a la calle a manifestarse pero no sirvió de nada. Ahora que ha llegado la guerra se trata sólo de una batalla más, es lo malo que tiene una guerra, que muere mucha gente. Una guerra hace que añoremos los tiempos en los que sólo morían unas decenas de persona al día, la coalición terrorista atacando a Europa por el Sur y la coalición Chino-soviética invadiendo Europa por el Norte. Piensas que la alianza no durará mucho, Estados Unidos tiene su propia guerra civil. Los españoles ya hemos asumido que no es tan malo que los chinos controlen Europa, acabarán con la coalición terrorista y traerán un poco de orden…pero ya no va a dar tiempo. Pronto las tormentas solares empezarán a producir megaterremotos y tsunamis en el Nuevo Orden Mundial chino, a los españoles mientras no nos cierren el bar de la esquina todo nos parece bien, incluso con la gran crisis nadie se manifestaba en la calle…Los chinos controlando nuestras vidas no es algo mucho peor a un gobierno del partido popular o de los socialistas, además ellos acabarán con el terrorismo y su llegada traerá la paz. Oyes hablar a los vecinos borrachos, todo el mundo está puesto de algo últimamente. El del cuarto ha quitado la tele y se ha puesto a escuchar música, tantos muertos ya le aburren. Lo que sí que ha hecho mucha gente es dejar de trabajar, eso estaba claro que iba a acabar pasando. La gente está en su casa comiendo y bebiendo, todos comen y beben como cerdos, es como si fuera navidad pero todavía más triste. Tú no vas a ser menos, abres la nevera y sólo tienes jamón de york y cervezas. Empiezas a darle a la cerveza mientras quitas el sonoro a la tele y ves los muertos y las caras que hablan pero tú no las escuchas y ves las bocas que se abren y se cierran con lenguas moviéndose dentro y chocando contra los dientes, pero tú no las escuchas…¿Por qué eres así?
Pones un poco de coca sobre un espejo y la esnifas, te sientes mejor pero si no te hubieras dado a las drogas hubieras podido tener un trabajo, una carrera, una mujer y una casa. Ya todo te da igual, todo va a acabar o al menos crees en ello, los misiles no se pierden en el cielo, algo está pasando.
Llaman a la puerta, son dos policías con un agente judicial, el casero está con ellos: vienen a desahuciarte, te enseñan unos folios en los que está escrito una ley de la morosidad, tienes el tiempo justo para sacar tus cosas sin armar un escándalo.
Ahora estás en la calle con una bolsa de deporte y una maleta, metes las cosas importantes de la bolsa de deporte en la maleta y te deshaces de lo que te sobra.
Ahora eres un hombre que sólo tiene una maleta.
Pasas la noche caminando por la calle, ves misiles perdidos en el cielo que no sabes hacia donde van, ya no tienes televisor. En el parque te encuentras al miserable, ahora tú también eres un miserable. Te quedas dormido en un banco y alguien te roba la maleta.
Ahora eres un hombre que no tiene nada, ahora eres libre.
Has gastado toda tu vida para entender este momento, para entender lo que eres, no parece muy complejo. Aprendes algo sobre el desapego, una lección de sabiduría, pero no quieres compartirla. Por primera vez en la vida no sientes la necesidad de beber, no sientes la necesidad de drogarte. Todo está tranquilo.
Caminas hacia el albergue de los indigentes, ellos serán ahora tu familia. Podrás contarles que de niño vivías en el barrio de Salamanca y un chofer te llevaba en coche al colegio.
La tierra empieza a temblar, el sol se ha puesto rojo como la sangre.
Pasa una chica con un paraguas de colorines, como en aquel cuento que escribiste en los años noventa.
La sonríes y ella te devuelve la sonrisa. Estás en paz.