LA CHICA DE ZELD
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| LA CHICA DE ZELD
HabĂamos llegado toda mi familia y yo a la ciudad de Zeld, huyendo de la recesiĂłn. En Zeld mis padres habĂan comprado una casa-torre de más mil metros cuadrados. Ellos vivirĂan arriba lo que nos dejarĂa mucho espacio al resto de sus hijos para hacer nuestra vida. El problema es que mi tĂo habĂa decidido cambiar de vida y venirse a vivir con nosotros tambiĂ©n, pero le recibĂamos con los brazos abiertos.
En un supermercado de la ciudad de Zeld encontrĂ© lo que aparentemente era una barra de labios pero que luego resultĂł ser un perfume. ¡QuĂ© gran idea la de meter un perfume en una barra de labios, era la bomba! Yo sabĂa que ese formato acabarĂa existiendo pero no sabĂa que iba a encontrármelo en la ciudad de Zeld. MirĂ© un cartel en el edificio, estaba escrito en inglĂ©s y pude entenderlo. Hablaba de fiestas, de despedidas de soltero. Se trataba de disfrazarse todos de personajes de comics, de superhĂ©roes de comics y con las fotos que se sacaban se hacĂa un comic con sus viñetas y sus colores y todo con el sistema photoshop y luego los invitados se quedaban el comic de recuerdo. Era una buena idea para despedidas de soltero. La noche la tenĂamos que pasar en una casa de campo y habĂa un gato que no dejaba de morderme y tenĂa colmillos como los de los vampiros que se clavaban en mi espalda. Al final tuve que matar al gato, era Ă©l o yo. No puede dormir por haber matado al gato asĂ que me fui a dar un paseo, empezĂł a amanecer y vi un hermoso rĂo. DecidĂ meterme a darme un baño pero la corriente me arrastraba hacia el mar, un hombre en una lancha me salvĂł la vida. Quise agradecĂ©rselo y le acompañé a donde vivĂa, al hombre le daba un poco de vergĂĽenza vivir allĂ porque era un sanatorio psiquiátrico. Le acompañé, le di mi tarjeta y cuando salĂa me encontrĂ© a una mujer morena de pelo largo que andaba medio desnuda, debĂa tratarse de una paciente. Me dijo que ella era de Zeld en inglĂ©s y luego me apuntĂł su nĂşmero de telĂ©fono en la tripa y yo apuntĂ© el mĂo en sus nalgas. Estuvimos retozando por todo el edificio, habĂa un hombre obsesionado por conducir al que le habĂan regalado un cochecito teledirigido y nos divertimos con Ă©l. El problema fue que Ă©l tambiĂ©n querĂa estar con la chica y no habĂa manera de quitármelo de encima. Por fin la chica y yo encontramos un camastro y nos tendimos juntos, era una maravilla sentir su piel caliente y yo la decĂa que pensaba siempre que las morenas tenĂan la piel más cálida. Entonces escuchamos un accidente de coche porque el obseso por conducir habĂa robado un coche y se habĂa estampanado, tuve que salir de aquel edificio porque se armĂł un revuelo fenomenal y no me dio tiempo a despedirme de la mujer de Zeld.
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