CRISIS DE LOS CUARENTA
Las calles sucias y el rostro mojado, todo diferente a cómo una vez lo viste. Todo distinto. Eres un hombre y tienes cuarenta años, no comes bien, bebes demasiado y fumas dos paquetes diarios. Ya no tienes miedo, el miedo quedó atrás. Tienes el pelo muy corto, estás muy delgado. La línea delgada de la locura cada vez más delgada, los hombros han empezado a estrecharse, pero no estás débil, simplemente crees que estás encogiendo, ahora te gusta estar solo.
Despacio detrás de ti alguien sigue tus pasos, puede que no sea así. Y una hora en tu reloj y después otra y pasas el tiempo sin hacer nada con tu vida. En casa escuchas las noticias, lo haces por curiosidad pero en el fondo no te importa la gente, no te importa nadie. Piensas que quizás te has vuelto un nihilista pero sabes que te falta inteligencia para serlo, te estás transformando pero no sabes en qué. La ciudad te aburre, los libros te aburren, las películas te aburren. Lo único que no te aburre es fumar, fumar te entretiene mucho. Fumar, los recuerdos, algunos recuerdos gratos de tu vida a los que vuelves. Fumar y recordar. Podrías enamorarte, podrías ser más fuerte. Pero no tienes el valor de enamorarte, para eso se necesitan ciertas agallas que ahora no tienes. Piensas que esperas algo, algo así como el final, algo así como la muerte. Tus pasos en la calle te desesperan, parece que es otra persona la que camina, que no eres tú. Empiezas a sentirte pesado, luego te sentirás ligero y todo va cambiando, no sabes qué es lo que quieres, tu voluntad está anulada, no sabes qué es lo que esperas. La fama ya no te hace ilusión, ni la gloria, quieres pasar como una sombra pero piensas que tienes algo que hacer antes con tu vida pero no sabes qué. El mundo en el que vives te disgusta pero tú no haces nada por cambiarlo, podrías tener una total falta de escrúpulos pero no puedes ser así tampoco. Podrías ser malo pero ya sabes que en el fondo no puedes, la maldad es algo que no va contigo, tú no eres así pero aunque te canses de ser bueno no puedes ser malo, sólo puedes amargarte directamente. Tienes cuarenta años, has hecho demasiadas cosas en la vida pero no has hecho nada…¿Dónde están tus hijos, dónde está tu mujer?
Tienes cuarenta años y vives solo en una casa con un perro labrador al que has enseñado a salir solo a la calle por ahorrarte tener que sacarlo a pasear.
Por lo demás, los días pasan. Estar solo y comer cerdo, ir a los bares pidiendo lacon. Es todo muy extraño, el sabor del lacon, el sabor del cerdo…También comes jamón y chorizo. Entre el cerdo y tú comienza a haber cierta afinidad, el te da la vida y tú le das tu energía y él luego te da la suya…Alimentarse bien, eso es algo que no va contigo. Alimentarse bien les preocupa a las mujeres y a los obesos, el resto de la gente se limita a saciar su sensación de hambre y a gastar el tiempo en otra cosa…Comer, comer, comer…comer te parece un acto grosero y primitivo, te avergüenzas de comer y te gustaría poder vivir sin necesidad de comer y no sentir nunca más hambre. Todo comienza a ser como un sueño, ayer estábamos en invierno y hoy es primavera. Ayer era diciembre y hoy es mayo, todo pasa de manera muy complicada pero muy deprisa. Todo sucede vertiginosamente, no sabes cómo actuar. Los tiempos están cambiando demasiado deprisa y eso es algo que te preocupa pero que te preocupa egoístamente porque tú no tienes hijos y tú no tienes que pensar qué será de ellos, tú tienes que pensar que será de ti.
Entras a las once de la noche a trabajar, coges tu radio y tu uniforme y empiezas a hacer la ronda por la fábrica de caramelos, cada cuarenta minutos una vuelta con una linterna y una radio. Así hasta las siete de la mañana. En la garita oyes la radio, muchas llamadas de gente que está sola, de gente que vive sin amor y sin afecto. Muchas llamadas en la radio de gente que no se encuentra bien, gente sin pareja y sin dinero engañada por el gobierno o por la vida, gente sin esperanza que vive aferrada a una vieja ilusión, a un pasado perdido, a un lugar donde nada acaba. La tristeza te invade, sientes compasión por todas esas gentes que andan perdidas y sabes que muchos de ellos como personas heridas acabarán hiriendo a otras personas, muchos de ellos se desequilibrarán y acabarán desequilibrando a otras personas, también sabes que muchas de esas personas que han sufrido los ataques de gentes sin escrúpulos los perderán también, que mucha gente buena se volverá mala y esa será su respuesta, su defensa: futuros mentirosos, manipuladores, egocéntricos, calumniadores y enredadores… y quizás futuros delincuentes, futuros ladrones como los que pueden entrar a robar maquinaria a la fábrica de caramelos que tu vigilas, el mundo es un lugar hostil pero aceptamos nuestro rol de esclavos porque somos esclavos de una hipoteca, de una casa, de una ciudad y de un país, somos esclavos de una familia y de una religión, somos esclavos de un Dios y de una tierra que nos vio nacer y que no nos dejará partir y somos esclavos de nuestras creencias, de nuestras apetencias y de nuestros miedos.
No se trata de tener el alma blanca ni de ser libre, se trata de poder conformarse con lo que uno tiene, en la manera en lo que eso sea posible.
No hace mucho que cumpliste los cuarenta pero ya eres un viejo para las mujeres de tu edad que prefieren tener aventuras con jovencitos, sin embargo te tiran los tejos las cincuentonas, las mujeres casadas entradas en años y alguna que otra sesentona que por ir a hacer pilates por las mañanas y darse cremas caras se piensa que se puede comer el mundo; pero incluso sabes que para estas últimas eres un consuelo, eres su límite, si pudieran estar con alguien más joven que tú lo estarían aunque fuera una gigolada, es así…Es el culto a la juventud de nuestros días…y tú caíste en ello y ahora caen ellas. Y todo ese cuento de la belleza interior no se lo cree nadie, la gente procura que su pareja sea lo más agradable a la vista posible por eso los prostíbulos están llenos, las encuestas dicen que más del cuarenta por ciento de la población española masculina acude a estos servicios pero tú no: tú quieres ser amado por tu persona, por tu alma, por tu forma de ser e incluso por tu físico, pues estás en forma todavía. Tú tienes demasiado orgullo como para irte de putas. Recuerdas una simpática película que viste hace tiempo: “Virgen a los cuarenta” Si al menos nunca hubieras probado lo que era el sexo…pues no lo echarías de menos. Pero estuviste casado una vez, no quieres acordarte, parece que fue hace mucho tiempo…En otros tiempos el matrimonio era indisoluble, era un sacramento…ahora la gente se ríe de eso.
Regresas de nuevo a casa, siempre sucia, nadie espera cómo dice la canción y haces lo del resto de la canción.
Y tú estás solo.
Y los días pasan.