ORDEN
Guardaba en sobres su conocimiento, era una idea de su mente ordenada. HacÃa fichas de los libros que leÃa, uno tras otro. Llevaba en una libreta apuntados sus gastos, en una agenda sus citas médicas y en otra las citas con compañeros del trabajo. Llevaba un diario de lo que habÃa pasado durante el dÃa y otro de lo que deberÃa haber pasado. Su ropa estaba perfectamente doblada en cajones, los enseres de la cocina ordenados por alturas, los platos pequeños primero, luego los más grandes.
Con las mujeres era distinto: a ellas no podÃa meterlas en cajones, no podÃa ordenarlas por altura. Las mujeres le desconcertaban, en un álbum sus fotos eso era todo.
Cuando conoció a Mónika quedó seducido por su fuerza, por su personalidad. Ella era una mujer que decidÃa sobre su futuro de manera vehemente y que no se dejaba amilanar por las circunstancias, llevaba fuego en el cuerpo, no era pasiva y ardÃa en deseos de vivir.
Con el tiempo Mónika trató de dominarle, lo primero que hizo fue saberlo todo sobre él y sobre su familia, cuando ya hubo reunido esos datos se interesó por su situación económica y después ella trató de buscarle un trabajo en el que pudiera ganar más dinero.
Pero Juan Carlos, amante del orden, no querÃa salir de sus patrones de conducta adquiridos, eso le angustiaba sobremanera.
Juan Carlos bebÃa una copa de vino a las tres, otra a las ocho y otra a las once de la noche, siempre en la misma copa, siempre a la misma hora. Con Mónika querÃa hacer el amor a las seis de la mañana, que es la mejor hora para hacer el amor. Pero no todo le iba a resultar tan fácil.
Una vez, mientras escribÃa el diario de las cosas que debÃa haber ocurrido, escuchó una voz en su cabeza:
--Juan Carlos, soy yo, El Caos, quiero estar en tu vida. Quiero que me aceptes, quiero que me ames. Yo soy El Caos.
Juan Carlos se asustó mucho:
--¿Quién eres? ¿Por qué me atormentas? ¡Déjame en paz ser del inframundo!
--No Juan Carlos, no soy del inframundo. Vengo de ti, soy un aspecto de tu personalidad. Tú me conoces, yo soy tu verdadero rostro, el ser que nunca has querido ser porque es todo lo que eres. Yo soy tú…y tú eres El Caos.
Juan Carlos se puso lÃvido, guardó silencio y se acercó hasta el aparato de música, conectó la radio a todo volumen y se echó a dormir. No pudo descansar en absoluto, pero las voces habÃan cesado.
Mónika fumaba un cigarrillo tras otro cuando se enteró, bajó a la calle y compró láudano en una farmacia, dijo que era para su marido enfermo de cáncer.
--Tómate esto, Juan Carlos. Tiene Láudano. Te hará alucinar. Cuando te despiertes serás otro y mientras estés consciente…mientras estés conciente, sabrás.
Juan Carlos obedeció, se bebió la botella entera y después de unas risas nerviosas despidió a su novia, cuando ya se hubo quedado solo agarró un cuaderno y se puso a escribir:
Garabato de Dios, uso del hombre. Espejo enfermo y nada. Cáscara final que es el principio y prÃncipe de las horas del suelo y de las horas del sueño. Garabato de Dios, máscara. OrdalÃa final, odisea y guerra.
Trapo sucio del cerebro encinta, rapsodia perfumada de gritos, lugar del hambre. PatÃbulo-cadalso, flor oscura, ano, sétimo hijo de la entraña, forma.
Masa de gente, sangre, terremoto, sol doble, viajeros del espacio regresan.
Trapisonda, trepanosombra, seltina, Rutz, camisa blanca, cintas verdes, amalgama en do, tomas.
Armagedón, tierra, calcinación, historia nueva, renacimiento, rebelión, fuego en las casas. Barcos que llegan, barcos que pasan, barcos que se hunden.
Copa de sangre, copa de vino, en mi nombre ahora y en mi nombre no, fe.
Ego, piedra, rúbrica.
Mujer morena de mediana estatura y pelo por el cuello, ojos negros, separada.
Los astronavegos llegan, ellos llegan, son como nosotros.
El tabaco no rehace daño, el alcohol no me hace daño, no me hace daño nada, potencia.
Final