Cuento de Navidad

 

En la última promoción de turrones Noël (marca registrada), se ofertaba una visita al auténtico poblado de Papa Noël , situado en el círculo polar ártico. En este fantástico viaje no sólo se conocería la fábrica donde los duendecillos fabrican los turrones y los juguetes, sino que se tendría la gran oportunidad de conocer en persona al autentico Papa Noël.

La promoción en cuestión consistía en encontrar en el envoltorio una tarjeta dorada (sólo había 5). Nunca habíamos comprado esa marca de turrones, pero en la cesta de navidad del último año venía una tableta (del duro). Esta tableta había pasado desapercibida, pero ya finalizadas las navidades, y para evitar que se pusiera más duro todavía, la sacamos para merendar una tarde y cual fue nuestra sorpresa, al encontrar nuestro pase a una aventura que prometía ser más que interesante.

Tras un viaje muy largo plagado de anécdotas, llegamos finalmente a Rovaniemi, Finlandia . En una furgoneta nos dirigieron a todos los afortunados, en total 10, al poblado de Papa Noël. La primera impresión fue muy positiva, la nieve, los renos, era precioso; pero la realidad era bien distinta, ese lugar escondía algo y pronto descubriríamos qué. Mama Noël fue una gran anfitriona, pudimos probar diversos manjares propios de la zona, como el salmón ahumado o la carne de reno. Pero por otro lado, a la hora de tomar el chocolate caliente nos ofrecieron un brebaje que consistía en polvos de cacao del Lidl, agua hirviendo y 2 gotas de leche, acompañados eso si de una triste galleta. Todo parecía tener una cara amable y otra que no lo era tanto, y no sólo con la comida.

Por fin llegó la ansiada visita al Posti, la oficina de correos que tienen allí. No explicaron que los niños pobres no tenían dinero para sellos y sobres y que en la mayoría de los casos ni siquiera sabían escribir; según ellos esa era la razón de que no recibieran regalos por navidad, que al no recibir una petición, no podían hacer mucho por ellos. En un momento determinado de la visita nos separamos del grupo sin apenas darnos cuenta. Aquello era muy grande, con muchos pasillos y puertas, no sabíamos por donde seguir, así que empezamos a abrir las puertas que nos íbamos encontrando. Acabamos en una habitación donde había una pequeña incineradora y a su lado unos sacos de cartas que parecían iban a ser quemados. Nos dejamos llevar por la curiosidad y echamos un vistado a las cartas Para sorpresa nuestra, las cartas provenían en su mayoría de países pobres, y al fin descubrimos la realidad del misterio que siempre nos ha intrigado a todos, por qué los niños pobres no reciben regalos por navidad. En ese momento escuchamos un ruido, parecía que un duendecillos venían hacia nosotros, nos escondimos y a la mínima oportunidad continuamos nuestro camino por los pasillos y habitaciones.

Finalmente acabamos en un archivo subterráneo que parecía no tener fin. Dudamos un instante en volver a dónde habíamos dejado al grupo, pero habíamos llegado demasiado lejos como para abandonar. Encontramos el archivo de nuestra ciudad y con curiosidad buscamos nuestras propias cartas. No hallamos nada. Había algo sospechoso, todas las cartas correspondían a familias adineradas de la ciudad. Cuando abrimos comprendimos otro de los grandes misterios navideños, por qué los niños ricos reciben mejores regalos. En los sobres había recibos de transferencias a una cuenta suiza a nombre de "Christmas for everyone Inc.", una filial de " Xmas Corporation". Papá Noël estaba recibiendo sobornos y él los aceptaba con total impunidad. ¡Esto era un negocio en toda regla! Papa Noël se deja llevar más por el dinero que por el espíritu navideño. Después de descubrir tal engaño, no teníamos ganas de volver con el grupo, sólo queríamos dar a conocer al mundo lo que habíamos descubierto. Después de unas cuantas horas buscando la salida de aquel laberinto nos dimos cuenta de que alguien nos estaba siguiendo. Con suerte, encontramos una caja grande llena de ladrillos de pan de jengibre donde nos pudimos esconder. Llevamos varios días dentro de la caja viajando sin saber el destino, lo único que sabemos es que ahora viajamos dentro de un camión. Afortunadamente en una gasolinera hemos encontrado una Wifi de acceso público desde donde os mandamos este correo para desearos una feliz navidad y para animaros a celebrarla con el sentido que se merece, dejando al margen esta fiesta que las grandes superficies han inventado a partir una fiesta con un significado muy diferente.

¡Feliz Navidad!

Marta* y Alberto


Enviado por Alberto Desarrollador. Por el sistema: 5 
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